Las diasporas de asia oriental en Europa Occidental
Introducción
La presencia de asiático-orientales (japoneses, coreanos y chinos) en Europa Occidental es un fenómeno relativamente nuevo que no alcanza ni un volumen de población ni de intereses económicos realmente significativos hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Europa Occidental constituye el extremo más alejado por tierra de la región denominada Extremo Oriente, situada en el confín del continente euroasiático. La movilidad de población a escala continental fue una aventura iniciada por mar, le siguieron algunos traslados (sobre todo de chinos) por tierra, cuando se puso en marcha la línea de ferrocarril transiberiano y, actualmente, el aire es el medio más habitual gracias a la disponibilidad de las líneas aéreas de transporte de viajeros. Los más de 12.000 kilómetros que separan un extremo del otro (Portugal de Japón) es una distancia equivalente a la tercera parte del globo terráqueo, que ahora se reduce a un viaje de unas horas, pero no siempre fue así.
La llegada a Europa de personas procedentes de Asia Oriental durante una primera fase que abarca varios siglos y que podría datarse su fin en algún momento del último tercio del siglo XIX fue anecdótica. Algunos comerciantes chinos que después de llegar a América, siguiendo la ruta del Galeón de Manila, se aventuraron hasta Europa; conversos católicos como las embajadas japonesas que a finales del siglo XVI y comienzos del XVII vinieron a visitar su meca, el Vaticano, y que dieron lugar a la leyenda de un grupo de hombres japoneses que se quedaron a vivir en el valle del Guadalquivir, contrayendo matrimonio con mujeres españolas, y cuya descendencia llega hasta nuestros días en el linaje apellidado “Japón” con base en Coria del Río (Sevilla). En caso de ser cierto se trataría de uno de los primeros casos conocidos de mestizaje entre asiáticos y europeos. La segunda fase, que finaliza con la Segunda Guerra Mundial, se caracteriza, en primer lugar, por la presencia de los primeros estudiantes o enviados del Gobierno para conocer la realidad europea, el estado de la ciencia y de la técnica, así como de la política y la administración pública. Al retornar a sus países trataron de aplicar, adaptándolos, algunos de los conocimientos recién adquiridos, para modernizar sus sociedades y economías con el objetivo de ponerse a la par de quienes les habían derrotado militarmente en su propio territorio con la consecuencia del recorte de su soberanía. A los estudiantes pronto se sumaron representantes diplomáticos y algunos grandes y medianos comerciantes, creando así el primer núcleo de residentes asiático-orientales en Europa Occidental. Su número era realmente pequeño y se completaba con unos pocos marineros chinos enrolados en la tripulación de barcos que tras atracar en los principales puertos europeos decidieron establecerse en tierra firme. Durante este período destacan dos acontecimientos que, sin duda, dejaron huella en el fenómeno que nos ocupa. El primero fue el recurso a cuerpos de apoyo durante la Primera Guerra Mundial formados por trabajadores chinos contratados que desembarcaron en Europa en gran número (Francia, Reino Unido) para realizar todo tipo de tareas subsidiarias a las órdenes de los aliados: cavar trincheras y tumbas, cocinar, despejar el campo de batalla de muertos y heridos, descargar barcos en los puertos, fabricar armas, etc. Al acabar la guerra fueron repatriados en su mayoría (más de 100.000). El segundo consistió en la llegada de buhoneros procedentes del sur de la provincia de Zhejiang que en el período de entreguerras sentaron sus bases por toda la geografía europea, siendo los pioneros y promotores de las posteriores comunidades chinas de ciertos países europeos, especialmente de los meridionales como Italia y España.
